Hace unos meses me fui con una mochila a viajar por Bolivia. Y lo primero que aprendí fue a darle valor a cosas que en Buenos Aires daba por sentadas, pero que de viaje no tuve acceso a ellas con tanta facilidad. Wifi, agua potable, una ducha caliente, un abrazo en un momento de tristeza.

Recuerdo que durante casi un mes, y en pleno invierno, me bañé con agua fría porque no entendía cómo funcionaban las duchas eléctricas. Y cada vez que lograba regular la temperatura, miraba el agua caliente saliendo por la boquilla perforada y le daba las gracias. Agradecía porque había tomado consciencia del valor que tiene algo tan simple como la temperatura del agua.

 

¿Qué es ser consciente?

 

  • En su sentido etimológico, consciente es quien siente, piensa y actúa con conocimiento de lo que hace.
  • Es estar más despiertos y presentes ante todo lo que nos encontremos y contemplar con amabilidad y bondad nuestra vida.
  • Es liberarnos de las ideas y creencias que tenemos de nosotros mismos y de las historias que nos contamos acerca de quiénes somos, que generalmente son ideas limitadas y ajenas que terminamos asumiendo como propias.
  • Es desprendernos de las fantasías y recuerdos y regresar a la realidad presente.

 

Meditar para ser conscientes

En la meditación prestamos atención consciente a nuestro entorno, nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones.

En el almohadón sobre el que meditamos aprendemos muchas cosas, principalmente a ser personas más atentas, presentes, compasivas y despiertas.

La meditación nos enseña que vivimos en nuestro cuerpo, y que por momentos él va a ser un lugar placentero y cómodo en el que vivir, y otras veces va a ser doloroso e incómodo.

Meditamos para deshacernos de las ideas establecidas y conectarnos con nuestro cuerpo y nuestras emociones. Empezamos a conocer el funcionamiento de nuestra mente y nuestro cuerpo y cómo relacionarnos mejor con ellos.

Despertar, estar realmente presente es la clave de todas las actividades que realizamos en la vida.

 

¿A qué despertamos?

A las verdades universales, a las leyes del universo y a las enseñanzas que las explican. Lo que los budistas llaman Dharma.

Despertar es conectarse con la consciencia. Con esa cosa transparente que toma infinitas formas, que está presente en todo, en lo inexplicable, como la geometría sagrada o la sincronicidad. Es la espiral del orden y el caos. Es lo que une y ordena todas las cosas.

Despertar a la consciencia es saber que el Universo es perfecto y vivir la vida de acuerdo a eso.

 

Ser conscientes es aceptar la fugacidad de las cosas y vivir con desapego

Cuanto más te sumergís en el silencio y más atentamente observás, más cuenta te das  de que lo único que permanece es el cambio, no hay nada estable realmente. Nuestros pensamientos, emociones, situaciones y hasta nosotros mismos somos pasajeros. Todo está en continuo movimiento.

Cuando queremos que las cosas se mantengan igual entramos en la rueda de la decepción y el sufrimiento. El apego siempre genera dolor.

Cuando meditamos empezamos a observar la existencia de otras opciones en el camino. Aprendemos a desapegarnos y mantenernos estables en medio del cambio.

Aceptamos la fugacidad de las cosas, nos relajamos y soltamos.

En lugar de temer las experiencias dolorosas y escapar de ellas o correr detrás de las expectativas agradables, con la meditación aprendemos que estar presentes ahora mismo nos regala una vida plena y libre.

Cuando entendemos que todo pasa, encontramos el sentido en medio del caos.

 

¿De qué somos conscientes?

 

Ser consciente de las cosas

Es entender que todo lo material es una manifestación del Universo.

Es observar por ejemplo, una simple taza y saber que existieron civilizaciones que no utilizaban recipientes, hasta que los pensaron, los diseñaron y los fabricaron. Es darse cuenta de que algo tan ordinario es útil y cumple su función en nuestra vida, nos sirve y eso tiene un valor.

Es aprender a mirar y volverse uno con lo que se observa. Volvernos receptivos y darle el valor que tiene. Reconocerlo y agradecerlo.

 

Ser consciente de uno mismo

Del cuerpo y sus movimientos. En cada uno de los quehaceres cotidianos. Cuando estamos atentos, la rapidez de los movimientos disminuye.

Es amarse a uno mismo. Entender el valor de nuestra propia vida, de la perfección del cuerpo que sin hacer nada se sana, se regenera y se defiende.

Es estar convencido de que podemos lograr todo lo que nos proponemos, de que merecemos una vida plena y sólo depende de nosotros conseguirla.

Es ser responsable de lo que damos y lo que emitimos, y saber que todo lo que recibimos y lo que manifestamos en la vida, refleja algo de nuestro interior.

Es poder mirar nuestra vida a distancia, saber que tenemos la capacidad de elegir sentirnos plenxs en todo momento porque somos plenxs, somos completxs, somos parte y somos toda la consciencia.

 

Ser consciente de los sentimientos

Es saber que las ideas fluyen libre e indefinidamente y que tenemos que aprender a observar momento a momento de dónde vienen y a dónde van nuestros pensamientos.

Al observarlos, los pensamientos disminuyen, la mente se aquieta y hace silencio. Los pensamientos se desvanecen y queda la consciencia pura, plena, la verdadera meditación.

Ser consciente de los sentimientos nos ayuda a detectarlos cuando estamos distraídos y al reconocerlos, podemos también elegir cuáles son los que nos sirven y cuáles no. Hacia dónde vamos a dirigir nuestras acciones futuras y hacia dónde no.

 

Ser consciente de las personas

Si no tenemos consciencia de nosotros mismos, percibimos a los demás como simples cuerpos físicos que están ahí afuera. Perdemos la humanidad.

Para ser conscientes del otro como ser humano, tenemos que aprender a mirar a los ojos, a entender que detrás de ellos existe una persona que ha sufrido como nosotros, que ha amado como nosotros, que siente, tiene sus propias ideas, su capacidad de transformar el mundo y sus defectos.

Que está en su lugar en el mismo camino de evolución que recorremos nosotros. Que tiene sus sueños, sus miedos, que le han inculcado sus creencias limitantes.

Que el otro es un ser humano como yo y lo que yo vea en él es algo que nace de mi mirada, por lo tanto es un aspecto que yo tengo que resolver. A eso se refiere cuando se dice que el otro es un espejo de uno mismo. 

Ser conscientes de esto es difícil, muy pocas personas llegan a aplicarlo en su vida. Pero es el verdadero desarrollo de la empatía, que nos regala relaciones sanas y un estado constante de bienestar y paz con los demás.

Un ejercicio muy poderoso es sentarte frente a alguien y simplemente mirarse a los ojos. De ahí surgen incomodidades, risas, lágrimas, las emociones más profundas de amor y cuidado mutuo.

Algunas personas nunca han mirado verdaderamente a otra y nunca han sido miradas por alguien más.

No seas una de ellas. Hacelo hoy.

Encontrate con esa persona que te genera un desafío, que te cuesta amar, que tendés a criticar y a quejarte de ella. Mirala a los ojos y tratá de ver al ser humano que hay detrás. La experiencia es transformadora.

 

Ser consciente de la realidad

No significa pensar en la realidad ni prestarle atención a lo que sucede en la realidad, sino contemplar.

Es recordar la perfección de todo. Es pensar en Buda iluminado y saber que todos tenemos dentro nuestro esa posibilidad.

Es conectarse con la esencia, con lo trascendental.

Y una vez que empezamos a tomar consciencia de la magnitud de la vida, de la energía que somos y circula a través de nosotros, de la vibración de todo lo que nos rodea que es una manifestación perfecta del Universo, nuestra vida se transforma por completo en algo profundamente divino, transcendemos el ego y por lo tanto la subjetividad.

 

Para empezar a ser conscientes

  • En los momentos de incertidumbres y desafíos, confiá en que todo lo que te toca vivir es para tu propia evolución espiritual.
  • La vida es una escuela y sólo basta con mirar alrededor y percibir la danza que bailan las cosas.
  • Trabajá en salir de la rueda de la rutina, de la novela, del drama y amar este momento que es perfecto.
  • Sé consciente de que todo lo que se presenta tiene una forma que vos le diste.
  • Meditá.  

Y con la intención de estar atento a tu responsabilidad en la realidad, dejás de echar culpas a otro, dejás de sentirte según lo que los demás hacen, dejás de quejarte y de reprochar, y este aprendizaje cambia toda tu percepción de los acontecimientos de tu vida.

 

¿Te sentís una persona consciente? ¿Qué experiencia te hizo despertar? Quiero escuchar tu opinión. Dejala en tus comentarios!