Antes de dejar Buenos Aires para irme a recorrer Bolivia con mi mochila, tuve uno de esos instantes en los que te cae la ficha.

Bajé las escaleras de la Estación Constitución hacia el andén del subte, eran las 8:30 de la mañana y la cantidad de personas me impedía llegar a los vagones.

El subte llegó, un rebaño de humanos bajó por las puertas de la izquierda, mientras otro montón de caras se aplastaban contra las puertas de la derecha para que ni bien se abran, sean los primeros en entrar y conseguir los tan codiciados asientos.

Como yo llegaba tarde y además soy de contextura chica, me fui metiendo entre la gente y empujando un poco para poder subir. Cuando el subte arrancó, me quedó como un disco que salta una imagen en la mente.

Todas esas personas, caminando sin vida, como zombies, como ovejas, como la multitud yendo a la fábrica en “Tiempos Modernos”. Todos viviendo en piloto automático. Y yo era parte de eso.

 

Para empezar, te propongo un ejercicio

Cerrá los ojos. Imaginate que estás en una sala llena de gente. Todos están en silencio. Caminás entre ellos y al llegar al otro extremo, ves un ataúd.

Te acercás y un escalofrío te recorre todo el cuerpo al darte cuenta de que adentro estás vos. Estás en tu funeral. Levantás la mirada y entendes que todas las personas que están ahí son tus seres queridos. Está tu mamá, tu papá, tus hermanos, las parejas que tuviste en tu vida, todos tus familiares y tus amigos. Todos dejaron lo que tenían que hacer para ir a despedirte.

Elegí una persona, la más importante de tu vida. Esa persona va a decir unas palabras, va a hablar sobre vos.

¿Qué dice? ¿Qué legado dejaste? ¿Cuánto amor diste a los demás? ¿Qué anécdotas valieron la pena? ¿Qué te llevaste al morir?

Abrí los ojos y para empezar, agradecé que estás respirando y que aún tenés tiempo de cambiar.

Sin darnos cuenta se nos va la vida trabajando en algo que no nos apasiona, postergando y con la sensación de estar perdiendo el tiempo. Creemos que vamos a ser felices cuando pase tal o cual cosa. Acelerados para llegar a quién sabe dónde. Nos preocupamos y nos culpamos. Se nos hace habitual la queja, el reproche y pocas veces sentimos gratitud por todo lo que tenemos.

Dejamos de ver al otro como un ser humano. Nos irritamos, nos empujamos, nos alienamos.

Los días pasan y son todos iguales. Y en esta rutina automatizada se pierde el sentido y la dirección. Sentimos vacío y angustia, y cuando son tantas las cosas que estamos dejando de lado, es difícil saber por dónde empezar.

¿Alguna vez te pasó?

 

 

Perdemos la noción de que no vamos a morir

Y lo más interesante es que no sabemos cuándo. Puede ser mañana, dentro de un mes, o en años. Pero, si fuera mañana ¿te arrepentirías de algo? De no haberle dicho a alguien el amor que te hace sentir, de no haber dejado de perder tu tiempo en ese trabajo, de no haber conocido ese lugar.

No vivir intensa y apasionadamente, no vivir desde el amor, no saber cuál es tu misión y no tener un propósito es fallarle a todas las personas que te aman.

 

Porqué no accionamos?

La mayoría de las personas desperdicia su vida sin ser feliz, sin cumplir sus sueños, sin animarse a dar el salto hacia la vida que tanto desean, y esto es así por dos factores:

Miedos:

  • A decepcionar
  • A fracasar
  • A exponerte y hacer el ridículo (al qué diran)
  • A la incertidumbre
  • A la inseguridad económica
  • A que te lastimen, al rechazo

 

Todos tenemos miedos. Las personas que son felices, inspiradoras, generosas, las que crean esas cosas que cambian el mundo, las que crecen sin límites, las que cumplen sus sueños, todas tienen miedo.

La diferencia está en qué hacemos frente a ellos y las únicas dos opciones son paralizarte, o atravesarlos.

 

Creencias limitantes:

  • No soy capaz
  • No soy suficiente
  • No lo merezco
  • Escriba aquí su creencia limitante

Existen muchas. Y en general, vienen de hace muchos años, de esas situaciones que nos marcaron de chicos.

Es importante conocer nuestros miedos y creencias limitantes para decidir qué acción vamos a tomar frente a ellas.

Tenés el poder, sólo debés tomar coraje. La mayoría de las personas siguen siempre en el mismo lugar porque no tienen el valor de cuestionar cuáles son sus miedos y qué pensamientos los limitan.

 

 

¡¡¡¿Qué estás esperando?!!!

 

La vida es una sola, y estás acá para hacer eso que no te animás. Viajá, leé, bailá. Que no te importe la mirada del otro, no le des ese poder en tu vida. Arriesgate. Salí de la zona de confort HOY. No te prives un solo día más de esa vida que te podés dar. Todas las posibilidades están disponibles para vos, sólo tenés que creer que lo merecés e ir tras ello.

Si hay algo que querés hacer, ahora es el mejor momento. No hay excusa que valga frente a tus sueños. Combatí la pereza, movete, saltá, corré, hacé eso que está a tu alcance hoy.

5 Consejos para empezar a vivir hoy esa vida que querés:

  1. Soñá

Diseñá tu vida ideal. Tomate un tiempo para pensar ¿Qué te falta para ser feliz? Descubrí qué cosas te llenan de motivación, te seducen, te hacen vibrar alto y andá tras ellas. No te prives de nada. Sumergite en tus propios mundos, conócete y elegí para vos los aspectos que querés en tu vida.

  1. Inspirate

Buscá personas que te motiven, que vivan la vida que soñas, rodéate de ellas y de sus mensajes. Aprendé siempre.

  1. Tomá acción

No postergues. El mejor momento es ahora. Hacé lo que tenés en este momento a tu alcance y buscá obstinadamente la forma en la que tu vida ideal se va a construir.

  1. Detecta tus miedos y atravesalos

No luches contra ellos, aceptá ese miedo y úsalo a tu favor. Esas voces que te limitan van a aparecer siempre que estés frente a la posibilidad de lograr algo importante para vos. Cruzá esa barrera para sentirte poderoso.

  1. Encontrá tu misión

Dentro de tus talentos, buscá lo que te apasiona. Buscá dentro de esas actividades que te hacen sentir bien, y ponelo al servicio de los demás. La clave está ahí.

 

Ser feliz es una decisión. No esperes a tener tal o cual cosa para lograrlo. Si decidís ser feliz hoy, te garantizo que vas a ser feliz mañana.

No pierdas un día más siendo un zombie deshumanizado, recobrá el poder de la alegría, y la adrenalina de sentirte vivo. Transformá tu vida a tal punto de que no puedas ser otra cosa más que inmensamente feliz y con tu ejemplo inspirá a los que te rodean a convertir este mundo en un lugar mejor.

Ahora quiero escuchar tu historia ¿Qué te separa de tu vida ideal? ¿Qué te limita a alcanzar tus sueños? ¿Tomaste riesgos y saliste de tu zona de confort alguna vez? Te leo.